lunes, 17 de octubre de 2016

Trekking por la ruta desconocida, ¿QUÉ NOS ESPERA?

Escrito por AITOR

Amaneció como un día cualquiera, pero en nuestras caras se reflejaba una sonrisa que tanto tiempo esperábamos que saliera. Nada más despertar, nos miramos los unos a los otros y con emoción nos decíamos….  “Por fin esto empieza! No hay marcha atrás! Yiiijaa!!”  Con la incertidumbre de lo que nos vendría más adelante, recogimos el campamento y comenzamos a montar todo el tinglado para poder llevar el kayak a la espalda lo mejor posible.
     
La primera vez tardamos entorno a media hora en montarlo (esperando que cada día fuese más rápido) y directamente pusimos los kayaks de lado en los cargueros NRS. Este estilo de llevar los kayaks no muy conocido (lo más utilizado es llevarlo de pie), fue una idea de Mino y Mikel, de cuando estuvieron por las tierras nepalíes, donde vieron a los porteadores que contrataron para hacer un porteo de más de  una semana probando todo los métodos posibles hasta que acabaron todos de esta manera. Así que Edu y yo confiando en su criterio decidimos sumarnos al nuevo estilo.
       
El primer día de trekking avanzamos más de lo que pensábamos, no encontramos grandes dificultades ni mucho desnivel, pero sí algunos tramos con mucha maleza y rocas lo que dificultaban y ralentizaban nuestra marcha. Durante toda la travesía no había ningún tipo de senda hecha por el ser humano así que no nos quedaba otra que confiar en los trazados creados por el  paso de los renos.


Mikel al inicio del trekking a punto de cruzar el río


                                       ¡Abriendo camino por donde se pueda!

Durante el día inicial vimos que en el riachuelo por el que andábamos había una masificación de truchas asalmonadas. Era el momento idóneo para que Edu y Mino pusiesen en práctica su habilidad de pescar tan reconocida en el mundillo del kayak. Sin la necesidad de usar más que una pita de 8m y una cucharilla atada en su extremo, se dedicaron a sacar una presa tras otra en todos sus lances. Al final, visto que eso podía convertirse en una exterminación, pusimos como límite una hermosa pieza por cabeza para luego así poder cenar bien a gusto.
 Después de caminar desde las 9am hasta las 8pm para solo hacer en torno a 8km, encontramos nuestro recoveco idóneo a las puertas del primer cañón del recorrido. El campamento lo montamos justo debajo de una cascada espectacular que salía directamente desde un agujero en el techo de la montaña, un lugar extremadamente bonito. Durante la cena empezaron a aparecer todo tipo de dolores en el cuerpo...
Aitor enganchado entre dos rocas, al fondo la cascada y nuestro futuro campamento

El día temible del trekking llegó, la etapa con mayor desnivel, a lo que había que añadirle el cruce de un cañón. Lo primero, nada más adentrarnos al cañón vimos que el río que lo surca llevaba poco caudal posibilitando el caminar por sus escarpadas rocas. Fue una caminata muy lenta y pesada pero todo malo tiene su recompensa, seguía habiendo un sinfín de peces en las pocillas por lo que en una decidimos parar a descansar y cogernos nuestra cena.

                                                      El cañón que nos ralentizó mucho la marcha
Una vez cruzado el cañón y haber recorrido unos kilómetros por un terreno menos hostil, llegamos al segundo cañón, este sí que era imposible remontarlo. Al final, después de barajar las escasas opciones no nos quedó otra que subir un buen cacho empinado de la montaña, lo más duro del trekking. Imaginaos con un kayak a la espalda con todo el material (entorno a 40kg) ¡trepar! por un terreno de piedrillas sueltas ascendiendo unos 100m y tardando casi 2h, horrible.

Porteando el segundo cañón

Destrozados físicamente pero mentalmente más fuertes que nunca, decidimos hacer el máximo de distancia posible para ir ganando terreno. Al final llegamos a una explanada, montamos nuestro campamento y aprovechamos para recolectar arándanos (fruta que se encontraba por doquier) para picar y madera suficiente para preparar un exquisito plato de truchas cocinadas a la plancha al punto de sal. 
Los días pasan volando, pero el recorrido se hace eterno, y ya estamos en el día 3. Nuestros cuerpos van dando avisos de flaqueza por culpa de toda la caña que les estamos dando pero al estar tan cerca del inicio del río, la fuerza de nuestra mente se sobrepone al cansancio físico y comenzamos con buen ritmo el día. Sin contratiempos, después de comer, llegamos al primer lago que está al lado de otro lago donde desemboca el glaciar desde el campo de hielo. Por fin nos desharíamos de tener que cargar todo a la espalda y quedaba poco para adentrarnos en nuestro terreno.
 
El lago que llega hasta el glaciar, nuestro campamento durante 3 días

Ya casi de noche y con la temperatura descendiendo vertiginosamente, nos tocó palear 2-3h por el lago hasta llegar a una playa (creada por el sedimento que trae el glaciar). Mientras se preparaba la cena, sacamos el mapa y trazamos el plan de los siguientes días. Ya habíamos hecho lo que, a priori era, lo más duro.
A la mañana siguiente decidimos dejar todo el material pesado (kayaks, material,…) y cargamos con los imprescindible para sobrevivir 2 días. Nuestra idea no era otra que escoutear el río que llegaba al lago en busca de su nacedero para así intentar alargar lo máximo el descenso.
 Fueron cerca de 10h de caminata, duro pero con unas vistas que pocas veces en nuestra vida vamos a tener opción de volver a contemplar. Sabíamos, porque habíamos visto en google earth que el río no nacía en el glaciar en el que estábamos, sino que venía de más arriba, pero no teníamos claro que esa parte fuera navegable.
Durante el trekking primero vimos que el tramo del río que cruzaba por el frente del glaciar llevaba más agua de lo que pensábamos, llenos de icebergs que se habían desprendido de las paredes del glaciar.

Mikel y Mino scouteando el río

Una vez alejados del frente del glaciar vimos que el río, en la mayor parte, era un clase III-IV pero en un par de tramos se estrechaba haciendo unos rápidos inmensos (clase burrada). Llegados al lugar donde se encontraba el material previamente depositado (Mino y Mikel habían dejado algo de material en este lago cuando sobrevolaron la zona en hidroavión) y después de montar el campamento decidimos que lo ideal sería volver al lugar donde habíamos dejado los kayaks, volver a cargarlos a la espalda y empezar el descenso desde este lugar. Sabíamos que no iríamos bien de tiempo porque esto significaba que tardaríamos 3 días más (un día bajar hasta los kayaks, otro día subir y otro descender con el kayak) y visto que de comida íbamos justitos (parte de la comida tenía moho) nos esperaba una elegante reducción en la ración de comida para los próximos días.
                  El último campamento antes del descenso, a la derecha se aprecia el inicio del río

Y por fin, 3 días después de haber iniciado el trekking, nos encontramos acampando en la esquina del lago justo donde empezaríamos el descenso. Ya sabíamos que en el mejor de los casos no volveríamos a tener que cargar el dichoso kayak a la espalda y solo nos dedicaríamos a descender por el Río Kurssuaq hasta el fiordo. Estábamos con alguna que otra dolencia física, pero ya habíamos hecho lo que menos nos gustaba, lo más duro, la satisfacción personal era total. Ahora ya solo tocaría guardar todo en los kayaks, meter nuestros culos dentro y empezar a palear los más de 100km de puras aguas bravas.
Lo mejor estaba por venir.




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